En este mundo de locura liberal.. todo lo que sea degradación.. decadencia..degeneración o envilecimiento en el hombre esta permitido y es fomentado...pero el verdadero pensamiento independiente que se salga de lo que dicta el sistema.. es severamente penado por todas las cortes del mundo...el "delito de opinión" es el peor crimen que se puede cometer en este mundo de pensamiento totalitario...Oder

jueves, 18 de febrero de 2016

El Aristocratismo Racial

La Mezcla Racial y la Decadencia de las Civilizaciones.

Éste es el núcleo del pensamiento de Gobineau: la mezcla racial, el mestizaje, producen inexorablemente la degeneración de la raza europea, única creadora de la cultura, y en consecuencia, provoca también la decadencia de las civilizaciones. Son los núcleos racialmente selectos, y no las multitudes bastardeadas por las mezclas, los que deciden la suerte de las naciones, es decir, que la prosperidad humana tiene como base la superposición, en un mismo país, de una raza de triunfadores y de una raza de vencidos. 

De esta forma, a la democracia igualitarista y progresista, Gobineau opuso un oscuro determinismo racial en forma de inevitable decadencia, así como un aristocratismo construído, no sobre el individuo, sino sobre la jerarquía de las razas.

Llegados a este punto, no cabe duda que uno de los pensadores y sobre todo, de los pioneros que más influyeron en la formación del racismo nacionalsocialista fue Joseph Arthur, conde de Gobineau, diplomático francés en varios países asiáticos, destacado orientalista y, en menor medida, controvertido ensayista.

La recepción de las ideas gobinianas en la Alemania pre-nacionalsocialista se debe, principalmente, a Ludwig Schemann, el cual se ocupó de la traducción y difusión de las obras de Gobineau y de Wagner, inaugurando, de esta forma, la "raciología" que, posteriormente, popularizaría Hans Günther. 

El propio Richard Wagner, amigo de Gobineau, resumió la idea principal de la ciertamente literaria, pero acientífica y asistemática, teoría gobiniana, en su obra "Heldentum und Christentum", en los siguientes términos: 

La más noble raza humana, la raza europea, degenera únicamente, pero infaliblemente, porque, al ser menos numerosa que los representantes de las otras razas, se ve obligada a mezclarse con ellas, y lo que ella pierde al adulterarse no es compensado por lo que ganan los demás al ennoblecerse.



De esta forma, a la democracia igualitarista y progresista, Gobineau opuso un oscuro determinismo racial en forma de inevitable decadencia, así como un aristocratismo construído, no sobre el individuo, sino sobre la jerarquía de las razas.


La raza aparece, de esta forma, en el auténtico factor de transformación de las sociedades, pero no se trata de un concepto estático y anquilosado, cerrado a las influencias externas. Las civilizaciones declinan al ritmo de la degeneración de sus cualidades biológicas por la mezcla de la sangre, pero, por otra parte, la civilización sólo puede desarrollarse cuando una raza superior conquista a otra inferior. Ésta será la eterna y fundamental contradicción en el pensamiento de Gobineau, de la que, no obstante, era perfectamente consciente: la mezcla de las razas es, al mismo tiempo, la mejor y la peor de las circunstancias a las que está sometida la especie humana, que se encuentra sometida a una "doble ley de atracción y repulsión". La ley de repulsión es la resistencia y la repugnancia natural de los pueblos primitivos a dejarse civilizar, mientras que la ley de atracción es la tendencia natural de los pueblos fuertes y avanzados para conquistar y mezclar su sangre con otros pueblos para fundar "una raza nueva" dotada de cualidades que son el resultado desconocido de las dos familias generadoras. Desgraciadamente, al final, entre innumerables cruces y mezclas, el proceso acabará en la degeneración.


Gobineau concibe su teoría de la raza, pues, a partir del problema de la decadencia de las grandes civilizaciones humanas, que a él le parece el más manifiesto y, al mismo tiempo, el más oscuro de los fenómenos de la Historia. ¿Por qué se pregunta decayeron civilizaciones tan maravillosas como Egipto, India, Persia, Grecia y la misma Roma? La diversidad de las causas alegadas frecuentemente por los historiadores para justificar la muerte de las civilizaciones no lo convencen: este fenómeno no es debido ni a la falta de sentimiento religioso, ni a las malas costumbres, ni a la imperfección de los gobiernos, ni a la geografía, ni siquiera por el efecto de una dominación extranjera. 

Antes al contrario, todas las culturas y civilizaciones cayeron en decadencia, desapareciendo posteriormente, a causa del mestizaje racial. Los pueblos —escribió— no degeneran sino por efecto y en proporción de las mezclas que experimentan y en la medida de la calidad de estas mezclas. 

El secreto del ocaso de la civilización es, pues, la degeneración étnica. Y un pueblo se degenera «cuando no tiene más el valor intrínseco que poseía anteriormente, puesto que el mismo no tiene más la misma sangre en las venas y las mezclas sucesivas han modificado gradualmente su valor», en otras palabras, cuando no se ha conservado la misma raza de sus fundadores.

sábado, 13 de febrero de 2016

Conseguir el conocimiento

Conocer su origen y su futuro ha sido siempre una aspiración fundamental del Hombre, a esta necesidad primordial responde la Gnosis, el término griego gnosis significa conocimiento, conseguir el conocimiento integral del mundo, de su destino material y espiritual.

En este terreno, el error sería creer que la gnosis es una simple corriente metafísica.

Se pone de manifiesto que, por el contrario, la gnosis constituía un movimiento de pensamiento original que sucedía a una aspiración más antigua de los pueblos, cuyas raíces se hundían en la filosofía griega y la ciencia sagrada de Egipto. 

Antes que nada, estamos en presencia de una actitud frente a la vida y las cosas, que se separan, debido a su interpretación del mundo, y de las corrientes religiosas.

A través de la diversidad a lo largo de la Historia de todos los gnosticismos, se puede extraer una actitud gnóstica muy característica de un tipo original de comprensión metafísica. A este respecto, el gnosticismo de los heresiólogos constituye incluso un tipo de espiritualidad de carácter intemporal, cuya ideología tiende a reaparecer continuamente en Europa en las épocas de gran crisis, y la nuestra no escapa ciertamente a esta calificación, cuando las religiones tradicionales se revelan impotentes para responder a las antiguas metafísicas de los pueblos. 

El nacionalsocialismo se sitúa claramente en esta ola que, desde los primeros tiempos de la Era cristiana, trastorna totalmente al Occidente. Para los adeptos del esoterismo, la gnosis aparece como la fuente de todas las religiones y su último fundamento, siendo su fin el de aportar la liberación del hombre mediante el conocimiento absoluto.

Esta etapa se resume en una palabra: la conquista del mundo divino por la sabiduría primordial.


Las grandes civilizaciones que han seguido después, Persia, Caldea, Grecia y Roma, Egipto ocupa un lugar aparte, y finalmente, el mundo que anima y guía a todas los grandes religiones y grandes civilizaciones, es la de la conquista de la Tierra por la aplicación de la revelación divina a la vida.

En esta teoría, la intuición primordial se ha debilitado cada vez más, en provecho de la filosofía especulativa, particularmente en la raza aria, a medida que se desarrollaban sus propias facultades: la observación rigurosa, el análisis y la razón, de lo cual resulta el sentimiento de la independencia individual y la libertad. No obstante, las posibilidades ocultas del alma no se pierden en la Humanidad, pero corresponde a una minoría educarlas y desarrollarlas en secreto, al abrigo de corrupciones exteriores.



lunes, 8 de febrero de 2016

Tres escritores malditos de De la Otra Europa.



Knut Hamsund

No soy quién para hablar sobre Adolfo Hitler en voz alta y, además, su vida y su obra no invitan a un palabrerío sentimental. Fue un luchador por la humanidad y un heraldo del mensaje de justicia para todas las naciones. Fue una figura reformadora del más alto rango y su destino histórico consistió en que tuvo que actuar en una época de incomparable ruindad la cual, al final, terminó derribándolo.

Ezra Pound

Esta guerra no ha nacido de un capricho de Hitler o de Mussolini. Esta guerra forma parte de la guerra milenaria entre usureros y trabajadores, entre la usurocracia y todos los que hacen una jornada de trabajo honrado con el brazo o con el intelecto.

Louis-Ferdinand Celine

Rencorosos, dóciles, violados, robados, con las tripas fuera y siempre jodidos. Hemos nacidos fieles y así morimos.

Francia es una colonia del poder internacional judío.

Quien más ha hecho en favor de los obreros no ha sido Stalin, sino Hitler.

Personalmente encuentro a Hitler o a Mussolini, admirablemente magnánimos, infinitamente más a mi gusto, destacados pacifistas, en una palabra, dignos de 250 premios Nobel.

domingo, 31 de enero de 2016

Un escrito polémico..Nietzsche



¡Lo superior no debe degradarse a ser el instrumento de lo inferior! 

El derecho de los sanos a existir, la prioridad de la campana dotada de plena resonancia sobre la campana rota, de sonido cascado, es, en efecto, un derecho y una prioridad mil veces mayor: sólo ellos son las arras del futuro, sólo ellos están comprometidos para el porvenir del hombre. 

Lo que ellos pueden hacer, lo que ellos deben hacer jamás debieran poder ni deber hacerlo los enfermos: mas para que los sanos puedan hacer lo que sólo ellos deben hacer, ¿cómo les estaría permitido actuar de médicos, de consoladores, de «salvadores» de los enfermos?... 

Y por ello, ¡aire puro!, ¡aire puro! Y, en todo caso, ¡lejos de la proximidad de todos los manicomios y hospitales de la cultura! Y, por ello, ¡buena compañía, la compañía de nosotros!, ¡o soledad, si es necesario! Pero, en todo caso, ¡lejos de las perniciosas miasmas de la putrefacción interior y de la oculta carcoma de los enfermos!... 

Para defendernos así a nosotros mismos, amigos míos, al menos por algún tiempo todavía, de los dos peores contagios que pueden estarnos reservados cabalmente a nosotros, - ¡de la gran náusea respecto al hombre!, ¡de la gran compasión por el hombre!...


sábado, 30 de enero de 2016

Pensar libremente es una actitud

Pensar libremente es una actitud que el propio sujeto adopta por sí mismo, una actitud desafiante que no es gracias al derecho, sino propiciado imperativamente por su propia capacidad.

Por ello, pensar sin miedo con toda la libertad que sólo uno es capaz de darse. 

Y esa libertad no te la quitan unas cadenas, ni unas rejas, ni la censura dictatorial, de carácter democrático. Esa libertad sólo te la puede quitar el miedo, el miedo a tus enemigos, el miedo a perderlo todo. Ser libre o no es una decisión que sólo tú puedes tomar, y una vez tomada verás que no hay libertad, pues habrás adoptado el mayor de los compromisos contigo mismo.

La transformación social radical es convertir una masa aborregada en personas que individualmente tengan un criterio propio. Es decir, hacer del librepensamiento una costumbre.

Librepensadores no son sólo los nacional revolucionarios... Ser librepensador no es una etiqueta que pertenezca a un grupo concreto, ¡no es una etiqueta!, sino una actitud. Y subrayemos lo de actitud, por lo que a nadie le es lícito ir de librepensador, o lo es o no lo es.


Es entonces el compromiso, y no la libertad, lo que hace del mundo un algo posible, vivible y a la vez, paradójicamente, libre. Pero libre parcialmente, pues un trozo de libertad no es toda la libertad, y nadie puede conseguir toda la libertad. Pero un compromiso si puede ser pleno, pues para ello se requiere de un acto libre: renunciar a la libertad. Ser libre es participar de su inexistencia. La libertad es un algo ilusorio entonces, la más bella de las fantasías, pues al final prevalece el compromiso.

jueves, 28 de enero de 2016

Ser débil es hoy lo bueno

La pena, la lástima, la piedad, la compasión, eso es lo que corroe a Europa, eso es lo que corroe en los hombres de ahora, un mal de conciencia, una mala rumia. Ya Nietzsche lo denunció, ya Nietzsche nos avisó... pero nadie escucha a los hombres intempestivos excepto unos pocos.


Ser débil es hoy lo bueno, pues todo el mundo busca ser merecedor de la compasión de los otros, cual niños faltos de cariño que no se bastan a sí mismos. Seres incompletos, sumidos en la desesperación, son los que aúllan por las calles en silencio, clamando piedad, detestando la fuerza. Hoy es la debilidad la fuerza, hoy es la compasión la fuerza, hoy es el bello y esculpido Apolo una ofensa, no digamos ya Ares o Zeus. Salgo a la calle y me sorprendo por no ser quemado vivo.

La pena y la lástima son dos venenos casi sinónimos, y digo casi por no decir idénticos. Beber de ellos te convierten en un esclavo. Si, te convierten en eso, y siendo esclavo no ayudas a nadie. Es que sentir pena no te hace más humano, sino más gilipollas.

Tu servidumbre hacia quien padece, tu esclavitud hacia el débil. Quejicas, flojos, vagos, pordioseros son los que dan pena y viven de ella, los que os dan su veneno y... picáis como moscas. Aquel que sufre de verdad no comparte su dolor, no lo expone, aquel que sufre de verdad no comparte su herida infecta, se la cura.

La esencia del Fascismo.. Giorgio Locchi



Pocos textos tan cortos alcanzaron a tener una trascendencia tan grande como este de Locchi que hoy sometemos el lector español. Esto nos impone la tarea de presentar a su autor y de dar alguna explicación sobre su obra.

Natural de Roma y doctor en Derecho, la vida, sin embargo, le ha apartado de su ciudad natal, pues reside habitualmente en París, y de su profesión, pues Locchi no pasará a la posteridad por sus aportaciones a la Jurisprudencia, sino por su vigoroso pensamiento filosófico y político.

Su residencia en París le ha permitido una amplia colaboración con la "Nueva Derecha" de la que, sin embargo al final, se ha apartado. Sus colaboraciones en "Nouvelle Ecole" figuran entre lo mejor que ha publicado esta revista.

Además del italiano y el francés, Giorgio Locchi es un profundo conocedor del alemán, lengua en la cual ha leído a sus dos grandes predilectos: Wagner y Nietzsche.

Además del texto que ha continuación podrán estudiar los lectores, Locchi es autor de otro capital libro: "Wagner, Nietzsche e il mito sovrumanista", una profunda reflexión sobre la filosofía de la Historia y sobre como la obra de Wagner y Nietzsche crea, en el siglo pasado, una nueva "tendencia epocal".

Hay en el texto de Locchi ciertas afirmaciones que sin duda sorprenderán al lector; la primera es, sin duda, descalificar a lo más reciente de la producción historiográfica sobre el fascismo. Expliquemos esto. Cree Locchi que hoy se pueden encontrar excelentes estudios sobre todos los aspectos y variantes del fascismo, pero, que todos estos estudios de detalle están haciéndonos perder la perspectiva global.

Y no es solo este problema. Hay autores, como De Felice y Mosse, que han pretendido una "desdemonización" del fascismo. En sus libros muestran a los fascistas como hombres de su época, personajes que no vomitan espuma ni se pasan el día exterminando. Esto puede, aparentemente ser bueno. Pero Locchi señala también el peligro de que todo esto comporte una "banalización " del fascismo: hacer del fascismo un simple movimiento político más y no una alternativa total al sistema.

Ejemplo paradigmático de todo esto es el caso de Renzo de Felice, a quien sus obras (en especial su monumental y -por ahora -, inacabada biografía de Mussolini), le han valido la acusación de "filo-fascismo " de querer "rehabilitar el fascismo ". Y sin embargo De Felice es el autor que ha dado un veredicto más demoledor sobre el fascismo, al afirmar que, en definitiva, este movimiento ha desaparecido sin dejar huella histórica y sin posibilidad de reproducirse. 

Otra muestra de lo peligroso de las tesis de De Felice está, por ejemplo, en su afirmación de que nacionalsocialismo y fascismo son sustancialmente distintos. Nada de esto ocurría con las obras que defiende Locchi visceralmente enemigas de todo lo que sea fascismo, que lo deforman en los detalles, pero que captan lo esencial.

Otra cosa que va a sorprender al lector es el empeño de Locchi por colocar al nacionalsocialismo en el seno de la "Konservative Revolution". Arguye Locchi que el hecho de que el nacionalsocialismo tuviera choques más o menos fuertes con algunos de sus componentes no significa, objetivamente, nada. Sería como decir que Stalin deja de ser marxista-leninista por el hecho de que expulsara y después hiciera asesinar a Trotsky.

"Hitler ha podido triunfar -declaraba Locchi a Marco Tarchi- porque, mejor que nadie, sabía afirmar lo esencial de las tendencias históricas que animaban la "Konservative Revolution". Los demás se perdían en lo particular, en la afirmación de tal o cual especificidad. Hitler tenía claro lo esencial, aquello que políticamente podía plasmarse en aquel momento histórico. Los actuales "neo", escriben a veces que Hitler "traicionó" a la "Konservative Revolution", "robándole" las ideas para deformarlas. 

Esto se afirma, naturalmente, en referencia a las ideas de un Junger, un Spengler, un Moeller van der Bruck, o gente así. Dejando de lado el hecho de que todos estos ilustres escritores pensaban -y siempre en abstracto - cosas bastante distintas y dispares y -por tanto - no se podía satisfacer a unos sin "traicionar" a otros, lo que aquí encontramos es el eterno contraste entre el intelectual que vive en su torre de marfil, de intransigente pureza, y el hombre de acción, el político, en permanente lucha con la realidad, con una materia bruta que se resiste siempre a las formas que se desea imponerle".

Pero lo más notable, lo más subyugante del texto de Locchi, es hacer partícipe del fascismo de un gran movimiento, que trasciende los límites de lo político y lo coloca a un nivel muy superior. Muchas veces se ha escrito, con razón, que faltaba por hacer una interpretación fascista del fascismo. Y era cierto. La obra de Bardeche ("Qu' est-ce le fascisme") se limita a un análisis politilógico, y la obra de Evola ("Il fascismo visto della Destra") está viciada desde su origen. Pero ya no se podrá decir lo mismo desde la aparición del libro de Locchi. El fascismo pierde, gracias a él, su carácter de anécdota de la historia.

Tarchi le dijo a Locchi: "Vd. hace del fascismo, o más bien del super-humanismo, un hecho de inmensa trascendencia, un evento que parte la historia en dos". A lo que Locchi respondió: "Yo no hago nada. Sólo hablo como historiador que observa el devenir histórico. Observo que a partir de la segunda mitad del siglo XIX se dibuja una "tendencia epocal" que pretende "regenerar la historia" (Wagner) o "dinamitarla" (Nietzsche) y precisamente para dividirla en dos; tendencia que pretende ("Konservative Revolution" y nacionalsocialismo) ser "advenimiento" de un nuevo "origen" de la historia, que proyecta un "Reich" milenario que en todas sus formas políticas pretende crear un hombre nuevo. La "tendencia epocal" que así se expresa existe innegablemente. Pero que exista no significa que deba triunfar. Tendencias epocales pueden diseñarse y sin embargo desaparecer. Nietzsche y Wagner son, sin duda, la dinamita de la historia; pero esta dinamita puede ser inútil si como ahora ocurre, el mundo entero se consagra a la tarea de apagar su mecha".

Para Locchi nos hallamos en una época de "interregnum ", entre un periodo histórico dominado por el igualitarismo y el futuro, dominado por el superhumanismo, que traerá el hombre nuevo. Dejemos, de nuevo, hablar a Locchi: " El fascismo desea crear el "hombre nuevo" justamente porque este hombre nuevo no existe aún macro-socialmente y solo existe micro-socialmente y como posibilidad, en un minoría realmente superhumanista. El fascismo, que consiguió el poder y que puede volver a él, debería enfrentarse a una realidad social que es la creada por dos mil años de igualitarismo, realidad que sólo podrá ser cambiada en virtud de una acción destructora progresiva y -a la vez - progresivamente reconstructora, de algo nuevo. En el "interregnum" -y estamos aún en él - el proyecto social fascista no puede ser sino provisional, dirigido en primer lugar a crear la materia social misma con la que un día se construirá la verdadera "comunidad", según el genuino proyecto, lo que desembocará algún día en la mutación definitiva, de la "material social", es decir, en el aniquilamiento social-político de las tendencias igualitaristas".

El fascismo, pues, es todo un vasto campo ideológico que algún día acabará transformándose en la alternativa operativa al sistema. No es, por ello, cosa extraña el que en su mismo seno haya tensiones y discrepancias. Las diferencias son generadas, como dice el texto que sigue, por la menor y mayor proximidad a determinados principios. 

En su entrevista con Tarchi matizó, Locchi, sus ideas: "En los años veinte, treinta y cuarenta, la oposición y a veces hasta la lucha entre las varias corrientes fascistas, no solo en el plano internacional, donde cada país defendía su fascismo "nacional", sino también en el interior de cada país, entre diversos movimientos fascistas, o en el interior de un único partido o movimiento, existió. Todo esto es perfectamente lógico y se da tanto en el campo igualitario como en el superhumanista. Debo hacer observar que el fascismo en un campo político, del mismo modo que lo es el "democratismo", en cuyo seno se articulan y lucha diversas tendencias (liberalismo, socialdemocracia, comunismo, anarquismo). 

Esta articulación es bien patente en el campo de las tendencias igualitaristas, porque es el resultado de una evolución bimilenaria. En el campo fascista esta articulación (aparte de las "especifidades nacionales"), es menos neta, menos rica, se articula más bien a nivel de "sectas", como es característico de la “fase mítica" en que halla esta tendencia".

Locchi ha acabado por apartarse de la "Nouvelle Droite" francesa precisamente a causa de su interpretación del fascismo. "Hoy -le decía a Tarchi -, según me parece, muchos “fascistas" no osan decir, por causas conocidas, su propio nombre, optando por llamarse antigualitaristas. Y este es un modo como otro de castrarse, puesto que el nombre "hace la cosa". 

En si mismo "antigualitarismo" es pura negatividad y -como tal - entonces forma parte de la dialéctica misma del igualitarismo". Claro que en la oposición a la "Nouvelle Droite" no hay solo un motivo lingüístico. Desde que Alain de Benoist se enganchó al carro de Giscard nuestro autor, Locchi, no ha querido saber nada más de sus antiguos compañeros; el uso ambiguo de palabras como "antirracismo ", "antitotalitarismo", etc..., que hace la "Nouvelle Droite" es -Para Locchi -, insoportable.

Para acabar, solo resta decir que lo importante, lo definitivo, lo esencial del mensaje de Locchi es situar al fascismo en una dimensión trascendente. Gracias a él, la frase de "No somos los últimos del ayer, sino los primeros del mañana”, deja de ser un eslogan efectista para convertirse en una verdad de profundo contenido.