En este mundo de locura liberal.. todo lo que sea degradación.. decadencia..degeneración o envilecimiento en el hombre esta permitido y es fomentado...pero el verdadero pensamiento independiente que se salga de lo que dicta el sistema.. es severamente penado por todas las cortes del mundo...el "delito de opinión" es el peor crimen que se puede cometer en este mundo de pensamiento totalitario...Oder

viernes, 23 de junio de 2017

Infiesta.



Siento un profundo respeto por aquellos hombres que no aceptan el mundo tal y como les viene dado. 

Por aquellos que desde su juventud ven su camino, lo comprenden y se identifica con él. 

Por aquellos que cogen su propio destino por el pescuezo y no lo sueltan, y lo hacen caminar por donde su deseo, su voluntad, les dicta. 

Siento un profundo respeto por aquellos que moldean día a día su propia vida, que fortalecen su carácter, que enriquecen su sensibilidad. 

Por los que no aceptan lo inevitable, por los que saben que su personalidad puede desencadenar más fuerzas que todos los dioses y hados que ya no existen. 

Porque en esa voluntad de poder, en esa ansia de ser uno mismo, encuentra el más genuino y claro eco de nuestro espíritu europeo.

J. M. Infiesta.

martes, 13 de junio de 2017

La Religión de Marx a sus creyentes


Los mejores apologistas difícilmente pueden pensar en una virtud que le puedan asignar al comunismo. 

Fue Marx, no Lenin, quien inventó la técnica de fingir ser un demócrata a fin de destruír la democracia, la despiadada purga de los miembros disidentes del partido y el empleo de la falsa difamación personal en esa tarea.


Fueron Marx y Engels quienes adoptaron la burla y el desprecio como la clave principal para atacar a los opositores, introduciendo una literatura de vituperio que tiene pocos paralelos en la Historia. Incluso el golpe maestro político de entregar tierras a los campesinos a fin de arrebatárselas cuando el poder fuera asegurado.


Engels corrió el riesgo de realmente exponer esta ingenua filosofía.

Balbuceaba Engels: 

El socialismo abolirá tanto la arquitectura como el empujar carretillas como profesiones y el hombre que ha dedicado media hora a la arquitectura también empujará la carretilla un poco hasta que su trabajo como arquitecto sea otra vez demandado, un tipo de socialismo que perpetuaría el negocio de empujar carretillas.

Parecería que sólo una deidad benigna podría garantizar un futuro tal a la Humanidad, y sólo enseñando una moralidad superior podría ella conducirnos a él. Pero Marx odiaba a la deidad, y consideraba las altas aspiraciones morales como un obstáculo. El poder en el cual él basaba su fe en el paraíso próximo era la evolución brutal, feroz y sangrienta de un mundo material. 

Y él se convenció a sí mismo de que, a fin de introducirnos en tal mundo, debemos poner a un lado los principios morales y ocuparnos de la guerra fratricida. Aunque sepultada bajo una montaña de racionalizaciones económicas que simulaban ser ciencia, aquella fe mística y anti-moral es la única contribución totalmente original de Karl Marx a la herencia de ideas del hombre.

Es común entre aquellos que condenan el rebajamiento de los estándares morales realizado por los marxistas culpar al materialismo, pero ése es un craso error. 

El materialismo de Marx no era genuino: era el disfraz de una fe mística. El mundo que él llamaba material era mental, pero con un determinismo que es apenas distinguible de la determinación. 


Whittaker Chambers está profundamente equivocado cuando él dice en su libro "Testigo" que la controversia entre el comunismo soviético y el mundo libre es entre la religión y la irreligion, o entre la creencia en el hombre y la creencia en Dios. 

Los comunistas creen en el hombre no como un poder independiente sino como una parte constituyente del movimiento sobrehumanamente ordenado del universo. Aquel movimiento dialéctico es su dios, y es ese dios el que los exime de las leyes de la moralidad. La diferencia entre cristianismo y comunismo —la diferencia, quiero decir, que es vital en esta conexión— es entre una religión que enseña la salvación personal por medio de la compasión y la afectuosa bondad, y una religión que enseña la salvación social por medio de llevar la moral de la guerra a las relaciones de tiempos de paz entre los hombres.


Marx estaba tan seguro de que el mundo iba a ser redimido por su propia evolución dialéctica, que él no permitiría a sus discípulos invocar la guía de los ideales morales. Él realmente lo quiso decir cuando dijo que los trabajadores no tienen ningún ideal que realizar sino que sólo tienen que participar en la lucha contemporánea. 

Él expulsó a la gente de su Partido comunista por mencionar de manera programática cosas tales como amor, justicia, humanidad, e incluso la moralidad misma. Él llamaba a tales expresiones desvaríos sentimentales y torpe sentimentalismo, y purgó a los sorprendidos autores de ellas como si ellos hubieran cometido los delitos más innobles.


domingo, 30 de abril de 2017

Así hablaba F. Nietzsche


Nietzsche no necesita mayor presentación: es uno de los filósofos más importantes de la modernidad, un pensador poderoso y excelente prosista, que no sólo capturó con lucidez la naturaleza humana y penetró con agudeza las almas e instituciones de su época, sino que también se adelantó en muchos sentidos al espíritu del siglo XX, un siglo que entró en puntillas poco después de su muerte.


De Tratados filosóficos

El amor y la crueldad no son dos cosas opuestas: siempre se encuentran juntos en los caracteres más firmes y mejores.

Debemos desechar todo escrúpulo de conciencia en lo que se refiere a la verdad y el error, mientras se trate de la vida, para que luego podamos emplear la vida en servicio de la verdad y de la conciencia intelectual.

Esto es para desesperar: la historia nos enseña que ninguno de los grandes hombres ha triunfado sin un gran orgullo y una buena dosis de injusticia.



De Filosofía general

El placer de hacer daño, porque trae consigo un acrecentamiento del sentimiento de poder, sobre todo cuando precede una disminución de éste, es decir, en la venganza.

Sólo las almas ambiciosas y tensas saben lo que es arte y lo que es alegría.

Así, como somos, nos hacemos recalcitrantes ante un "tú debes". Nuestra moral debe decir "yo quiero".

La estimación de la autoridad aumenta en relación de la disminución de fuerzas creadoras.

Un hombre que se creyera absolutamente bueno sería espiritualmente un idiota.

Llamamos buena o mala a una cosa en relación con nosotros, no con la cosa misma.

El hombre es ante todo un animal que juzga.

La voluntad de dominio.

Para que el hombre pueda tenerse respeto a sí mismo es necesario que sea capaz también de ser malo.



De "Aurora"
Es necesario que el maestro ponga a sus discípulos en guardia contra él.

La virtud principal del trabajo es impedir los ocios de las naturalezas más vulgares.



De Humano, demasiado humano

Un alma delicada se siente molesta al saber que hay que darle las gracias; un alma grosera, al saber que tiene que darlas.

Es indefectible: cada maestro no tiene más que un alumno, y este alumno le llega a ser infiel, pues está predestinado a ser maestro también.

Las mujeres llegan a ser, por medio del amor, lo que son en la mente del hombre que las ama.

Se olvida la arrogancia cuando se está entre hombres de mérito; estar solo hace orgulloso. Los jóvenes son muy arrogantes, pues frecuentan sus semejantes, todos los cuales, no siendo nada, quieren pasar por mucho.

No sólo se ataca para hacer daño a alguien, para vencerle, sino a veces por el mero deseo de adquirir conciencia de la propia fuerza.

Pocas gentes habrá que, cuando se sientan perplejas en la elección de tema de conversación, no revelen los secretos más importantes de un amigo.

El cristianismo nació para dar al corazón alivio; pero luego necesita primeramente abrumar el corazón para poder en seguida consolarle.

Un escritor debería ser considerado como un malhechor que no merece, sino en casos rarísimos, el perdón o la gracia. Esto sería un remedio contra la invasión de libros.

La distinción que encontramos en el infortunio (como si fuera un signo de vulgaridad, de falta de ambición, sentirse feliz) es tan grande, que si decimos a una persona "¡Pero, qué feliz es usted!", por lo general protesta.

La ventaja de la mala memoria es que se disfruta varias veces de las mismas cosas por primera vez.

El que nos encontremos tan a gusto en plena naturaleza proviene de que ésta no tiene opinión sobre nosotros.


La Debilidad de Nietzsche


Resultado de imagen de Lou Andreas Salomé

Nada produce tanta frustración como el fracaso amoroso y sin embargo, nos guste o no, así evolucionamos, no lo podemos erradicar de nuestros anhelos más profundos e inconsciente humano..

Resultado de imagen de Lou Andreas Salomé

Nietzsche se enamoró profundamente de Lou Andreas Salomé, una de las mujeres más bellas, cultas e inteligentes que han pisado la faz de la Tierra. Cuando sólo contaba con 20 años, Nietzsche afirmó que era el único ser que podía comprender su filosofía.

La historia acabó mal porque Lou, lo rechazó. Ella era amante del deslumbrante poeta Paul Eluard. Y qué duro para Nietzsche, pero así es la vida.


Resultado de imagen de Lou Andreas Salomé

Se dedicó a buscar ser un súper hombre. Desarrolló la fuerza para no necesitar a otro ser humano, ni nada que lo atara. A pesar de la brillantez de su mente, comenzó a deslizarse a la locura. En esa transición, escribió un pequeño libro llamado Ecce Homo, en donde se puede apreciar como Nietzsche se confunde a sí mismo con Jesucristo. Un año después dormía en un hospital psiquiátrico en donde pasó sus últimos 10 años.



viernes, 7 de abril de 2017

El triunfo de lo inmundo

Fuente: culturatransversal.wordpress.com


El mundo, según Heidegger, está definido por cuatro divisiones: la tierra, el cielo, los mortales y la divinidad. Se trata de una transposición de las cuatro causas de Aristóteles: la causa material, la causa formal, la causa motriz y la causa final.

Todo lo que se opone a la teoría de género es censurado por oponerse a los derechos humanos, y todo el que se opone a los derechos humanos debe ser tratado como un criminal. Es la marca de todos los totalitarismos: criminalizar a sus adversarios.

En términos de amor humano, la causa material es el sexo; la causa formal es el matrimonio; la causa motriz es el sentimiento amoroso; y la causa final es la reproducción. Todas estas funciones biológicas y psicológicas sólo tienen un sentido “final”, la reproducción de la especie. Éste es el mundo que hemos heredado desde que existe la humanidad. Éste es el mundo creado por Dios, según la tradición cristiana, que recoge en este punto las tradiciones espirituales. Un esquema resume esto en el espíritu de Aristóteles y Heidegger: tal es la esencia del amor.

Heidegger señala que el mundo moderno ha reemplazado el mundo humano por el Gestell, donde el hombre se arrincona por el utilitarismo y el materialismo. En este antimundo, el Gestell, Dios es reemplazado por la idolatría del ego, las personas por las masas, la tierra (la base) por la tecnología y el cielo (lo ideal, la norma) por el dinero.

En la teoría de género, la causa final es el capricho del ego que debe elegir su género de forma arbitraria según sus deseos. Al servicio de este capricho interviene la técnica, operación quirúrgica, vestimenta, etc. y el derecho, matrimonio para todos. El igualitarismo es llamado como refuerzo para modificar el derecho positivo frente al derecho natural. En fin, el amor entre el hombre y la mujer obedece ahora a las leyes de la masa: es en el amor para todos, heterosexual u homosexual, partícipe de la orgía, que lógicamente debería extenderse hasta la zoofilia y la pedofilia. Como escribió Dostoievski: “Si Dios no existe, todo está permitido”. El amor es despersonalizado y se convierte en un fenómeno de masas ¿amor por todos?, como una suerte de “derecho”.



La ideología de género considera que las diferencias de hombres-mujeres no son más que opresiones normativas, estereotipos culturales que es necesario deconstruir para realizar la perfecta igualdad entre hombre y mujer.


En nombre de la libertad y la igualdad, las batallas ideológicas del “género”, obedeciendo a exigencias subjetivistas, vienen a organizar la sociedad sin tener ningún respeto por la diferencia sexual. 

Estamos en presencia de una utopía de la liberación de los deseos más caprichosos y arbitrarios que serían portadores de la felicidad universal.

Peor aún, esta ideología pretende cambiar el derecho de las diferentes naciones en nombre de un presunto consenso que ignora todo debate público. Como Hillary Clinton declaró, se trata de un derecho humano y no es posible debatir sobre los derechos absolutos. La libre elección de la “orientación sexual” debe ser respetada. La técnica y el derecho deben aliarse para permitir a cada uno elegir su sexo.

lunes, 3 de abril de 2017

Nietzsche no es culpable de esa idea.


La malignidad, el odio, el orgullo, el engreimiento, el egoísmo, la crueldad, son todos considerados como la única condición de que alcancen los más extremos límites posibles y no se detengan ante ningún obstáculo, es la liberación completa de toda restricción moral. 

La supuesta amoralidad está asociada con el nombre de Nietzsche. Pero Nietzsche no es culpable de esa idea. Por el contrario, quizá nadie ha puesto nunca en la filosofía tanto anhelo de verdadera moralidad y verdadero amor como Nietzsche. El sólo estaba destruyendo la vieja moral petrificada que desde hacia mucho tiempo había llegado a ser anti-moral. Él se rebeló contra la moralidad ya hecha, contra las formas invariables que en teoría son obligatorias siempre y para todos, y que en la práctica son violadas siempre y por todos.

En Nietzsche el sentimiento moral es con frecuencia un sentimiento severo y despiadado.

Obviamente las palabras de Nietzsche están condenadas a ser mal comprendidas y mal interpretadas. La crueldad de Nietzsche es considerada como su principal característica, como el principio subyacente a su tratamiento de los hombres. La gran mayoría de los críticos de Nietzsche no quieren ver que esa crueldad está orientada contra algo interior, contra algo que está dentro de él mismo, contra todo lo que es "humano, demasiado humano", pequeño, vulgar, e inerte. La no comprensión de Nietzsche es uno de los curiosos ejemplos de una incomprensión que es casi intencional.
La necesidad de luchar contra el hombre para llegar al superhombre es lo que el pensamiento moderno se rehúsa completamente a admitir. Esta idea difiere completamente de la exaltación del hombre y su debilidad tan característica de nuestros tiempos.


Zaratustra de Nietzsche dice estas interesantes palabras: 

Yo soy de hoy y de ayer. Pero en mí hay algo que es de mañana y de pasado mañana, del porvenir

Pero Zaratustra habla no del conflicto sino de la totalidad que incluye al hoy y al ayer, el mañana y el futuro, una totalidad que llega cuando las contradicciones, la multiplicidad y la dualidad han sido vencidas.

La ausencia de la idea del superhombre en la mayoría de las modernas filosofías de la vida es en un grado considerable la causa del terrible caos del pensamiento en el cual vive la Humanidad moderna. Si los hombres trataran de conectar la idea del superhombre con los demás puntos de vista más o menos aceptados, ellos verían que ello muestra todo bajo una nueva luz, presentando desde nuevos ángulos las cosas que ellos creían que conocían muy bien, y les recordaría el hecho de que el hombre es sólo un visitante temporal, sólo un pasajero, sobre la Tierra.

Esta idea es expresada por Nietzsche: 

Quiero enseñar a los hombres el sentido de su existencia: quién es el superhombre, el relámpago de la sombría nube que es el hombre. 
Así Hablaba Zaratustra, I, Prólogo, 7. 

Nietzsche comprendía que el superhombre no puede ser considerado como el producto de un desarrollo histórico que deba realizarse en un futuro distante, que no puede ser considerado como una nueva especie zoológica. El relámpago no puede ser considerado como el resultado de la evolución de la nube.


miércoles, 22 de marzo de 2017

El pensamiento de Aldous Huxley





Lo que pensamos determina lo que somos y lo que hacemos, y, recíprocamente, lo que hacemos y lo que somos determina lo que pensamos. Las ideas falsas tienen por consecuencia malas acciones; y el hombre que se acostumbra a obrar mal, limita con ello mismo el campo de su conciencia y hasta llega a hacérsele imposible pensar determinados pensamientos. En la vida, la ética y la metafísica son interdependientes.


La estupidez es por cierto, un producto de la voluntad. Los tontos inteligentes son los que se han negado a aplicar su inteligencia al conocimiento de ellos mismos. Hay también seres tales como los tontos sabios. El tonto sabio es aquel que se conoce y sabe dominar sus impulsos y pasiones, pero es incapaz de comprender o de tratar esos problemas impersonales más amplios que sólo pueden ser resueltos por el intelecto lógico. El tonto sabio hace menos daño que el tonto inteligente, y es personalmente capaz de lograr el esclarecimiento. 

Un hombre con inteligencia y sabiduría, no sólo puede lograr su propio esclarecimiento, sino también puede ayudar a toda una sociedad a considerar los problemas más importantes que se relacionan con sus creencias y con sus costumbres. En las actuales circunstancias, el sistema educacional está concebido como para que produzca el mayor número posible de tontos inteligentes. 

No se puede proceder inteligentemente respecto de aquello que se ignora. Para que uno pueda proceder inteligentemente consigo mismo, uno debe estar advertido de los verdaderos móviles que lo animan, de las fuentes secretas de su pensamiento, de sus experimentaciones y de sus acciones, de la naturaleza de sus propios sentimientos, impulsos y sensaciones, y de las circunstancias en que uno es responsable de su buen o mal comportamiento.

Aun en nuestras sociedades existe una proporción asombrosa de personas que aceptan sin discusión los patrones de comportamiento, los modelos de maneras de pensar, los de maneras de sentir. Gran cantidad de hombres y mujeres, muchos hasta inteligentes, sólo emplean su inteligencia en el desempeño de la ocupación que consideran tradicionalmente su deber; muy rara vez o nunca la emplean para formular un juicio con respecto al deber considerado en si mismo. 

De aquí el triste espectáculo que ofrecen los hombres de ciencia y los técnicos, cuando utilizan toda su capacidad para ayudar a los gobernantes de sus respectivos países en las matanzas en masa que realizan cada vez con mayor eficiencia y con más indiscriminación; y los eruditos y los literatos que prostituyen su talento con el objeto de fortalecer el prestigio nacional con mentiras aprendidas y retóricas fascinantes. 

Hasta en las mismas democracias se emplea generalmente la inteligencia con el sólo objeto de crear -como lo dice Thoreau- instrumentos perfeccionados para lograr fines imperfectos, fines que son determinados por los prejuicios sociales sancionados y por las pasiones más bajas. Tal es, repito, el caso general, pero afortunadamente no siempre ocurre. 

Donde el libre ejercicio de la inteligencia se permite, siempre hay personas que están dispuestas a emplear su ingenio para juzgar los fines que tradicionalmente se persiguen y también para inventar procedimientos efectivos para lograrlos. Es gracias a estos individuos, que la esencia misma de la idea de las transformaciones necesarias germina.

El modo en que empleamos la inteligencia, depende de nuestra voluntad. Cuando la voluntad no es desinteresada, el intelecto tiende a emplearse meramente como un instrumento para la racionalización de las pasiones y los prejuicios y la justificación de los intereses personales.