En este mundo de locura liberal.. todo lo que sea degradación.. decadencia..degeneración o envilecimiento en el hombre esta permitido y es fomentado...pero el verdadero pensamiento independiente que se salga de lo que dicta el sistema.. es severamente penado por todas las cortes del mundo...el "delito de opinión" es el peor crimen que se puede cometer en este mundo de pensamiento totalitario...Oder

miércoles, 9 de marzo de 2016

Ellos han elegido su lado..

No hay nada, absolutamente nada más peligroso, más despreciable, más vil y más repugnante en esta tierra que un traidor.


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A través de toda la Historia, los traidores han sido universalmente despreciados como los más bajos de los viles, para no confiar nunca en ellos, para ser rechazados y avergonzados, para ser básicamente condenados al ostracismo, a menudo expulsados, a veces incluso siendo linchados por muchedumbres airadas en tiempos menos civilizados que el nuestro.


En tiempos de tal traición y engaño, con los atestados nidos de traidores que tenemos en las naciones occidentales hoy, donde los traidores prosperan y la traición es una carrera, tenemos pocas opciones, salvo confiar en las leyes del país para procesar y castigar a esas entidades no humanas.



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La mayor parte de los traidores hoy en día no son nada difícil de identificar, los vemos en la televisión, en Internet y en los panfletos, oímos las mentiras que ellos dicen. El observador puede ver las maquinaciones y las traiciones demasiado bien, con su criminalidad claramente descubierta, no tenemos que molestarnos siquiera en argumentar contra esa gente, ellos mismos lo están haciendo.



Los segmentos de la sociedad que han despertado pueden ver claramente quiénes son los principales traidores dentro de nuestras sociedades. Toda la gente despertada entre nosotros ha juzgado ya y ha condenado a esos elementos criminales en sus propias mentes.



El traidor, por otra parte, nunca puede ser respetado, han perdido todo honor y han renunciado a su humanidad. porque ellos han decidido vender sus propias almas, y han traicionado sus principios, a su prójimo, a su país, y hasta a los dioses mismos. Los traidores han hecho su elección y han elegido su lado.


Pero la declaración de Cicerón sobre los traidores ocultos, tan de principios básicos como pudiera sonar, no tiene mucha influencia en el mundo moderno. Con lo mucho que me gustaría creer que los traidores dentro de nuestras sociedades son un acontecimiento bastante raro, similar a una rata solitaria que corretea a través del suelo antes de que sea vista, lo que veo en el mundo hoy simplemente no es coherente con este cuadro.


Los traidores hoy pueden ser vistos por todas partes, a plena vista, a menudo no haciendo ni el más mínimo esfuerzo para ocultar su identidad o acciones. Ocultando sus intenciones tal vez, pero no sus acciones. Y muchas personas dentro de la sociedad simplemente se recuestan y miran despistadamente cómo la traición se despliega. La verdad es que muchas personas están despiertas y pueden ver lo que está sucediendo, pero con tantos otros todavía siendo tan genuinamente engañados o siendo tan genuinamente estúpidos, podemos ver claramente que hay algo muy equivocado con la capacidad de percibir de la gente. Quizás esta situación ha sido bastante recurrente a través de toda la Historia, pero dudo seriamente que alguna vez haya sido como lo es hoy.


Y cuando el tiempo sea el adecuado, y las leyes del país estén listas para ser aceptadas para aplicárselas a esos criminales, entonces quizá ellos estarán un paso más cerca de su viaje al noveno círculo del infierno. Quizás Virgilio un día estará esperándolos en las puertas para mostrarles el camino.

Expliquemos que es el noveno circulo del traidor según Virgilio.




La pintura de arriba muestra a Dante con Virgilio en el noveno círculo del infierno, el noveno círculo del infierno de Dante era el círculo más profundo y más oscuro, reservado para la forma más baja de existencia humana de todas: los traidores. 

Los traidores en el noveno círculo de Dante incluyen a los traidores a los parientes de alguien, los traidores a la comunidad de alguien, los traidores a los huéspedes de alguien, los traidores al señor feudal de alguien, y los traidores a Dios.


Pero es interesante mirar la cólera y la ira que los traidores en el pasado han inspirado entre la gente:



He aprendido a odiar a todos los traidores, y no hay ninguna enfermedad sobre la cual yo escupa más que la traición.
Esquilo.


Los traidores desprecian incluso a aquellos a quienes ellos han prestado servicio.
Tácito, historiador romano.


¿Tú me estás hablando de suposiciones? Tú eres un traidor: ¡Córtenle su cabeza!
William Shakespeare, Ricardo III, acto III, escena 4.


Ningún castigo es demasiado grande para el hombre que construye su grandeza sobre la ruina de su país. 
George Washington.


Usted puede perdonar a un asesino, pero nunca a un traidor.
Anónimo


Si sólo me quedara una bala, y un soldado enemigo y un traidor estuvieran delante de mí, le dispararía al traidor. 
Cornelius Codreanu.


¡No hay suficientes maldiciones ni truenos ocultos en las bodegas del cielo, rojo con una ira poco común, para golpear al hombre que debe su grandeza a la ruina de su país!
Joseph Addison.



Hay tres cosas en este mundo que odio: los tontos, los mentirosos y los traidores. A un tonto le puedo enseñar, a un mentiroso lo puedo perdonar, pero a un traidor yo le pegaría un tiro, ya que él es tanto un tonto como un mentiroso.
Anónimo.



Los traidores tienen la sangre de su propia gente en sus manos. Marco Tulio Cicerón explica muy elocuentemente el peligro que representa el traidor para todos nosotros en la famosa cita siguiente:

Una nación puede sobrevivir a sus tontos, e incluso a sus ambiciosos, pero no puede sobrevivir a la traición desde dentro. Un enemigo frente a las puertas es menos formidable, ya que él es conocido y lleva sus estandartes abiertamente. Pero el traidor se mueve libremente dentro de los muros, con sus maliciosos rumores que se esparcen por todos los callejones, oídos en los mismos salones del gobierno; por cuanto el traidor no aparece como un traidor, él habla con acentos familiares a sus víctimas, y él aparenta el rostro y los argumentos de éstas, apelando a la bajeza que está profundamente arraigada en los corazones de todos los hombres. Él pudre el alma de una nación, él trabaja en secreto y amparado por la noche para socavar los pilares de la ciudad, él infecta el organismo político de modo que ya no pueda resistir. Un asesino es menos de temer. El traidor es la plaga.


domingo, 6 de marzo de 2016

El Organismo del Pueblo


Este organismo que es nuestro pueblo, y así nuestra raza, es el sentido de nuestras vidas. Nuestro objetivo es ayudar y ayudar a su crecimiento, su cambio evolutivo, su prosperidad...

Una sociedad viva tiene un imperativo biológico, es decir, tiene un destino y un ethos. Está sujeta a las leyes de la Naturaleza, al patrón de nacimiento-vida-muerte-renovación que se encuentra en la Naturaleza. Por cuanto es viva, procura crecer, prosperar y vivir reproduciéndose a sí misma. Por cuanto vive, y ha evolucionado, es distinta; tiene su propia naturaleza, carácter o ethos. La verdad es que la raza y la comunidad son la Naturaleza hecha manifiesta. La raza es la Naturaleza trabajando para producir diversidad y diferencia, y es la evolución en acción.

Para ser viva, una sociedad tiene que reflejar y representar el organismo vivo natural que es una comunidad de gente ligada por lazos de sangre y una cultura o herencia común. Esto es así porque sólo una comunidad racial o étnica tal vive como un organismo sano natural. Sólo un organismo racial único tal es distinto, y producto de la evolución. Todos los otros tipos de "comunidad" como las multirraciales de los Estados modernos son construcciones antinaturales y artificiales. 

Además, las ideas abstractas que subyacen en tales sociedades pueden infectar a una sociedad orgánica sana y destruírla. Tales sociedades antinaturales o una sociedad infectada, enferma y alguna vez sana no reflejan los imperativos biológicos y orgánicos naturales encontrados en la Naturaleza, por cuanto ellos no son distintos en el sentido racial.

Seguimos viviendo después de la muerte en ese organismo, en nuestros descendientes, en nuestros hechos, en el suelo, en la Naturaleza y en la "patria" donde este organismo mora. No hay ningún sentido para la "vida después de la muerte" aparte de éste. No hay ningún sentido para la vida además de éste, y todo lo demás es, en realidad, o una ilusión o un desperdicio de las oportunidades que ofrece la vida humana. Cualquiera que entienda estas cosas, y que actúe en base a este entendimiento, es alguien que está iluminado.


La realidad de nuestra naturaleza consiste en que nuestra conciencia de nosotros mismos, como individuos separados, es tanto buena como mala. Es mala porque puede conducirnos al egoísmo, en la búsqueda de objetivos, placeres y felicidades egoístas en perjuicio de la familia más grande que es nuestro clan, tribu o comunidad natural. Es buena porque eso significa que poseemos la capacidad de cambiar conscientemente mediante un acto de voluntad. Esto significa que podemos ayudar activamente a la evolución.


Fundamentalmente nuestra evolución hacia la conciencia nos ha presentado un dilema. Podemos decidir permanecer ignorantes, poco instruídos y egoístas, y de ese modo ignorar a nuestra propia comunidad y su futuro; o podemos decidir ayudar a nuestra gente, y así ayudar a nuestro propio desarrollo individual. Podemos elegir vivir egoístamente, y malgastar nuestra posibilidad de vivir después de la muerte, o podemos decidir ser idealistas e iluminados, y vivir después de la muerte en nuestro pueblo. O aceptamos nuestro Destino orgánico, o no tenemos ningún Destino. O aceptamos nuestras responsabilidades, nuestros deberes, como seres humanos que evolucionan, o no.

lunes, 29 de febrero de 2016

La Rebelión de las Masas por José Ortega y Gasset



Hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante en la vida pública de la hora presente, este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad.

Los componentes de esas muchedumbres no han surgido de la nada. Aproximadamente, el mismo número de personas existía hace quince años. Después de la guerra parecería natural que ese número fuese menor. Aquí topamos, sin embargo, con la primera nota importante. Los individuos que integran estas muchedumbres preexistían, pero no como muchedumbre. Repartidos por el mundo en pequeños grupos, o solitarios, llevaban una vida, por lo visto, divergente, disociada, distante. Cada cual —individuo o pequeño grupo— ocupaba un sitio, tal vez el suyo, en el campo, en la aldea, en la villa, en el barrio de la gran ciudad.

La sociedad es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masas. Las minorías son individuos especialmente cualificados. La masa es el conjunto de personas no especialmente cualificadas.

En los grupos que se caracterizan por no ser muchedumbre y masa, la coincidencia efectiva de sus miembros consiste en algún deseo, idea o ideal, que por sí solo excluye el gran número. Para formar una minoría, sea la que fuere, es preciso que antes cada cual se separe de la muchedumbre por razones especiales, relativamente individuales. Su coincidencia con los otros que forman la minoría es, pues, secundaria, posterior, a haberse cada cual singularizado, y es, por lo tanto, en buena parte, una coincidencia en no coincidir. Hay cosas en que este carácter singularizador del grupo aparece a la intemperie: los grupos ingleses que se llaman a sí mismos «no conformistas», es decir, la agrupación de los que concuerdan sólo en su disconformidad respecto a la muchedumbre ìlimitada. Este ingrediente de juntarse los menos, precisamente para separarse de los más, va siempre involucrado en la formación de toda minoría.

domingo, 28 de febrero de 2016

El NS es una visión heroica

El NS es una visión heroica y guerrera del mundo, es aristócrata y proclama la superación misma del hombre, valora todo lo grande y bello en este mundo, se impregna con el principio de la raza, la nación, también practica valores supremos como el honor, la lealtad, la valentía y la voluntad. Que quede claro que el NS es solo para los mejores, para los superiores, para esos que han nacido NS y portan en sus venas la dorada sangre de los héroes. No para mequetrefes borrachos y afeminados con aros.

lunes, 22 de febrero de 2016

Alexander Dugin no es uno de los nuestros.




Según algunos textos, la mayoría de los nacionalistas blancos son conscientes de que Alexander Dugin no es uno de los nuestros.
Tampoco no está claro cómo él puede acusar al que sostenga teorías sobre las diferencias raciales, como racismo de hipócritas, ya que no todos los supremacistas raciales son incoherentes, mienten o son hipócritas sobre su ideologia, al contrario, reconocen su ideologia racial sin complejos, como tampoco no está para nada claro cómo Dugin puede condenar al NS desde un punto de vista moral mientras que al mismo tiempo rehabilita a figuras como Stalin y Pol Pot como nacional-comunistas.


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Dugin ha declarado que ve a la raza como una construcción social. Podemos asumir con seguridad que no está siendo simplemente poco sincero, ya que esta afirmación es coherente con su posmoderna y relativista orientación teórica, así como con las declaraciones que ha hecho anteriormente en el sentido de que la idea de solidaridad racial blanca es tanto irrealista como potencialmente peligrosa.



Cuando se trata del mito de la “solidaridad de la raza blanca”, es una completa utopía que conduce no sólo al holocausto de los judíos, sino también al genocidio de los eslavos. Los restos del Tercer Reich son una base para esta miserable, contradictoria y completamente falsa concepción. El mundo anglo-sajón es una realidad sociopolítica y cultural. Los habitantes de Europa Central son algo diferente. El mundo oriental del Cristianismo ortodoxo y los eslavos es una tercera realidad. 

En otras palabras, Dugin sostiene el punto de vista de que cualquier forma de identidad racial positiva entre blancos conducirá inevitable y fatalmente hacia un nuevo "holocausto".

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Probablemente, Dugin sigue a Alain de Benoist al ver el concepto de raza  y al fenómeno del racismo  como un producto de la Ilustración, un fenómeno moderno y para Dugin, “moderno” siempre significa “malo”. 



Alain de Benoist está en lo cierto en que el concepto de raza fue primero formulado en el contexto de la Ilustración, como una de las bases de la nueva ciencia de la antropología.

Esto en sí mismo no constituye suficiente fundamento para rechazar el concepto de raza. Incluso antes de que el concepto de raza fuera formado, la raza era un hecho biológico, al igual que el ADN existió antes del surgimiento de la ciencia de la genética.

Puede ser que Dugin suscriba la idea de que para que el concepto biológico de raza sea significativo, esto es, para que sea posible categorizar a los individuos como pertenecientes a cierta raza, deba existir un individuo racialmente puro que pudiera encarnar una norma o estándar de comparación. Ya que a nivel genético, sin duda no existen tales individuos, el concepto de raza está supuestamente privado de su fundamento científico y revela tener sólo significado social.


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Ya que Dugin ve a la raza como una construcción puramente conceptual, él puede libremente manipular y extender el significado del término “racismo” para incluir varias formas de discriminación que no están normalmente incluidas bajo este término: racismo cultural, racismo civilizacional, racismo tecnológico, racismo social, racismo económico. 

El concepto de “racismo” se encoje y expande convirtiéndose simplemente en sinónimo de discriminación sobre la base de normas que son subjetivas o relativas hasta el punto de que casi cualquiera puede afirmar ser víctima de él. 

Definiendo al racismo como cualquier intento de elevar una apreciación subjetiva al estatus de teoría, él deberia afirmar que no sólo el Nacionalsocialismo y Fascismo, sino que también el Comunismo y Liberalismo son racistas, ya que postulan a un cierto sujeto político como normativo, el proletariado o el ilustrado individuo burgués. 


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Hay sin duda elementos racistas en los escritos de Marx. Él veía favorablemente al colonialismo, como un medio para modernizar e industrializar a las naciones no-europeas, lo cual era una condición previa para la transición final hacia el Comunismo. Él estaba convencido también de que algunas razas estaban condenadas a perecer, ya que eran inherentemente incapaces de sobrevivir a la progresión hacia el Comunismo.

Dugin también vuelve al anti-racismo contra la modernidad y el progresismo. según él es racista, por ejemplo, juzgar negativamente a inmigrantes subsaharianos o árabes por su incapacidad para adaptarse a las modernas sociedades occidentales, tecnológicamente avanzadas. De hecho, los puntos de vistas tradicionales de árabes y africanos respecto a la mujer, la homosexualidad, la crianza de los niños, la ciencia evolutiva, sería un signo de su superioridad. 




Por otro lado, él ve la idea de progreso en sí misma como inherentemente racista, ya que implica que la sociedad moderna, que significa sociedad occidental, es universalmente normativa y superior a las sociedades tradicionales no-occidentales. Estos últimos, él dice, no deberían ser considerados como atrapados en formas sociales arcaicas sólo porque carecen de creatividad o capacidad intelectual para construir civilizaciones. Por el contrario, es porque ellos son más puros, menos decadentes y han conservado la tradición más completa que la raza blanca. Ellos son tecnológicamente y materialmente menos avanzados, pero espiritualmente superior a la meramente materialista civilización de Occidente.





El retorno de lo reprimido.

Por más que la mayoría de los occidentales más “progresistas” intenten deshacerse del racismo y la exclusión racista, en un mecanismo que los psicoanalistas llaman el retorno de lo reprimido, sigue entrando sigilosamente por la puerta trasera, tomando nuevas formas inconscientes, de modo que, como Dugin observa incluso la corrección política en sí misma es transformada en disciplina de exclusiones políticas puramente racistas. 


No sólo los racistas blancos sino que conservadores religiosos y nacionalistas son sujetos con completa impunidad a formas de exclusión social, agresión, desprecio abiertamente exhibido, intimidación, y violencia física y psicológica que están claramente actuando fuera de precisamente aquellos patrones de conducta que en cualquier otro contexto son denunciados como racistas. 


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Estos grupos, que estereotípicamente se componen por los perdedores de la sociedad blanca, sus grupos social y económicamente más vulnerables, incluyendo a la clase trabajadora, los desempleados, habitantes de áreas rurales y pensionistas, son rutinariamente escupidos y humillados por los medios del "sistema" como cultural, moral, intelectual y biológicamente deficientes.

Las incesantes denuncias de racismo de Dugin a veces parecen sospechosamente una parodia intencional de la corrección política contemporánea, que ve normas discriminatorias por todos lados, y es posible que mientras acepta la deconstrucción postmoderna del concepto de raza, él intente convertirlo en una deconstrucción del término “racismo” en sí mismo, ampliando el concepto ad absurdum, hasta el punto de vaciarlo de significado y volverlo contra sí mismo. 

En lugar de intentar, como la mayoría de los conservadores, resistir el relativismo posmoderno sosteniendo ciertas normas morales absolutas, la autoridad de la tradición occidental y estándares universales y objetivos de racionalidad, su estrategia es superar los últimos residuos de presupuestos ideológicos modernos empujándolos a sus conclusiones posmodernas extremas. En otras palabras, su estrategia es cooptar el relativismo postmoderno, en lugar de resistirlo.


jueves, 18 de febrero de 2016

La Regeneración Racial mediante la Selección

Siguiendo el desarrollo de las doctrinas racistas, encontramos a otro francés, Georges Vacher de Lapouge, que abandonará el frágil "arianismo" de Gobineau y de las tesis filológicas sobre la primigenia lengua aria, para llevar la cuestión racial al ámbito de la antropología y de la biología, más propias de alguien que como él se consideraba discípulo de Darwin: para la antropo-sociología de Vacher de Lapouge, obsesionado con la medición de los cráneos, las clases sociales más altas, como producto de la selección social, correspondían asimismo a las razas superiores, mientras que las clases más bajas, o bien estaban bastardeadas con la sangre de razas inferiores o eran descendientes de razas no-blancas. 


La selección natural, en el ámbito de la especie humana, actúa siempre, según De Lapouge en sentido inverso, es decir, eliminando los elementos étnicos y sociales superiores y encumbrando a los inferiores: guerras, revoluciones, etc., han operado como resultado una selección natural que ha provocado el ocaso de las élites arias, siempre más dispuestas al riesgo del combate y al honor de una muerte heroica. Pero De Lapouge, al contrario que Gobineau, piensa que es posible reaccionar oponiendo a la "selección natural", tan destructiva para el elemento ario, una "selección racional", dirigida por la intervención científica del hombre para salvaguardar a sus elementos raciales más puros.


Y tal fin podía conseguirse mediante dos métodos: prohibiendo u obstaculizando la descendencia de los inferiores racialmente, enfermos o tarados, por un lado, y promoviendo y motivando la descendencia sin límites de los elementos más puros e íntegros racialmente. De Lapouge inauguraba uno de los fundamentos del racismo eugenésico que el nacionalsocialismo se encargaría de llevar a la práctica: la esterilización y el exterminio de los individuos nocivos o parasitarios de la comunidad social y racial, así como la selección de los elementos nórdicos más puros y el estímulo para la multiplicación reproductiva entre los mismos.



La Corrupción de la Sangre






Se debe considerar el mestizaje como causa de la degeneración de los individuos y de las civilizaciones, escribía Von Leers, se ha expresado a lo largo de la Historia, cuando un pueblo conquista un país extraño y somete a una población extranjera, la validez jurídica del matrimonio aparecía aquí ligada a la consanguinidad o igualdad de linaje. Sin equiparación racial no hay connubium. De este punto de vista parten casi todos los sistemas jurídicos de los pueblos europeos.


Vacher de Lapouge señaló que la pérdida de vitalidad de los individuos es una de las principales consecuencias del mestizaje y que afecta de manera muy particular a los mestizos de razas muy dispares.

El biólogo inglés J. Huxley concluía, por su parte, que el cruce racial podía dar lugar a extremas y peligrosas variaciones para los mestizos que, asimismo, podían acabar como individuos totalmente inadaptados.


El propio Adolf Hitler dirá, mucho tiempo después, que todo cruzamiento de dos seres cualitativamente desiguales da como resultado un término medio entre el valor cualitativo de los padres; es decir, que la cría estará a un nivel superior con respecto a aquel elemento de los padres que es racialmente inferior, pero no será de igual valor cualitativo que el elemento racialmente superior de ellos.

 Y Chamberlain afirmará que la continua promiscuidad entre dos sobresalientes razas de animales conduce sin excepción, al aniquilamiento de los caracteres sobresalientes de ambos; la misma ley puede aplicarse a las razas humanas, como lo prueban la Historia y la etnología.

Los nobles caracteres no surgen de la casualidad o de la promiscuidad sino del mantenimiento de la pureza de la raza y del cultivo de sus mejores cualidades. Así, personalidad y raza están relacionadas del modo más íntimo. 

Pero, según el filósofo nacionalsocialista H. A. Grunsky, la mezcla de sangre destruye la personalidad, creando una serie caótica de conglomerados humanos descastados, porque el propio ser del individuo híbrido o mestizo descansa sobre la descomposición del mundo unitario de la sangre.

La mezcla racial también afecta a la cohesión y unidad de la comunidad nacional. Según Gobineau, el mestizaje es el peor golpe para hacer vacilar la vitalidad de una nación, ya que destruye su homogeneidad y hace que sea imposible la armonización de los intereses comunes, única razón de ser de la sociedad. La mezcla de razas hace desaparecer el espíritu comunitario, que nace de la conciencia de pertenencia a un mismo linaje, de tener un mismo origen y de concebir la vida de igual manera. 

La infiltración de sangre extraña en el organismo de un pueblo conduce a la disociación del carácter nacional, lo cual se manifiesta en el lamentable súper-individualismo de muchos».Porque, según J. Graf, la ruina racial es la causa de la decadencia moral entre todos los pueblos de la época moderna; allí donde la raza es dañada por sangre extraña, se desgarra también el vínculo anímico que liga a los antepasados con los descendientes y éstos a su vez entre sí, dentro de su comunidad.


Hay tres grandes troncos raciales. La raza negra, considerada como la más ínfima, es a la que corresponde, no obstante, un flujo de energías poderosas manifestado en el deseo y la voluntad, pero nunca residenciado en el dominio intelectual, como una proyección de las fuerzas más elementales y subconscientes de la naturaleza humana. Por su parte, a la raza amarilla nos la presenta como la antítesis de la negra, poco vigorosa, apática, con tendencia a la mediocridad y respeto a toda regla que le pueda garantizar un orden de vida. Y, por último, la raza blanca y, esencialmente, la del tipo dolicocéfalo, rubio y de alta estatura, cuya superioridad se encontraría en el completo dominio de la inteligencia, en un instinto extraordinario para la lucha y la conquista, un gusto pronunciado por la libertad, la personalidad y el honor. 

La raza blanca poseía originariamente el monopolio de la belleza, la inteligencia y la fuerza, mientras que de su unión con otras variedades surgieron mestizos bellos sin ser fuertes, fuertes sin ser inteligentes y también ni inteligentes ni fuertes. A este grupo de mestizos pertenecerían, por ejemplo, los pueblos semitas, cruce de la raza blanca con tipos negroides y orientaloides.