En este mundo de locura liberal.. todo lo que sea degradación.. decadencia..degeneración o envilecimiento en el hombre esta permitido y es fomentado...pero el verdadero pensamiento independiente que se salga de lo que dicta el sistema.. es severamente penado por todas las cortes del mundo...el "delito de opinión" es el peor crimen que se puede cometer en este mundo de pensamiento totalitario...Oder

sábado, 7 de noviembre de 2015

Un vieja leyenda griega

Un mito griego asocia el nombre de Europa con un incidente en las aventuras amorosas de la deidad patriarcal Zeus. El mito dice que el dios del amor, Eros, inflamó a Zeus con el deseo por una noble mujer llamada Europa. 

Para poseerla, el inmortal Zeus se transformó en un enorme toro blanco y surgió del mar en Tiro, en Fenicia, ahora conocida como Líbano. Encantada por esa visión, Europa subió sobre la espalda del toro para un grato paseo.

Zeus nadó con ella a Creta donde él reveló su forma humana. A partir de entonces, actuando con Europa como su reina, él fundó una nueva dinastía de la civilización cretense.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Los Filósofos Presocráticos: Dioses de la Razón



Hubo un tiempo en el cual, el mundo estaba regido por los dioses. Entidades supranaturales, conformaban, alteraban y –al parecer–, dirigían el cosmos y los designios de los mortales, que alzando la mirada al cielo, no hacían sino tratar de complacerlos. Aquellas antiguas deidades eran honradas con sacrificios y eran consultadas a la hora de comenzar una guerra. En ellas se encontraba la explicación para todo.

El espíritu de las viejas poleis griegas dormía caliente bajo una compleja estructura mitológica que durante siglos se mantuvo como incuestionable. Superar aquella realidad construida sobre un sólido discurso mítico-literario aceptado por la generalidad no hubo de ser cosa fácil. 


Las obras de autores del peso de Hesíodo u Homero dieron forma a una maraña que nadie se había cuestionado desenredar. Pero a pesar del tremendo reto que suponía, en Mileto –un antiguo enclave griego del Asia Menor–, al menos tres generaciones de mentes curiosas y corazones valientes empezaron a buscar la explicación a los grandes temas que hasta entonces se habían dejado en manos de los dioses.

Hacia el final del siglo VII antes de nuestra era, comenzó a gestarse este imprescindible cambio ideológico. Las costas jónicas, área en la que se ubicaba Mileto, gracias a su posición geográfica, se vieron influidas por corrientes de pensamiento distintas de las genuinamente griegas. 


Tal vez, los contactos con babilonios o egipcios, encendieron una nueva llama en las mentalidades de determinas figuras jónicas. Las dudas referentes al origen y el por qué de la naturaleza, pudieron verse vivificadas por aquellas influencias alóctonas, que aportaban puntos de vista distintos al modo de pensar griego.

De cualquier modo, el desarrollo de la filosofía presocrática no se debe atribuir en exclusiva al ascendiente foráneo, pues en el sustrato netamente griego, encontramos conceptos que activaron los mecanismos mentales que llevaron a los padres de la filosofía a comenzar a cuestionarse el mundo tal y como lo hicieron. 


La justicia personificada de la que habla Hesíodo o esa ley universal que impregnaba las tragedias de Esquilo son ideas que, matizadas, encontramos en el pensamiento presocrático.

La proliferación de los cultos mistéricos también hubo de ser determinante para estos primeros filósofos. Es bien conocida la relación de los pitagóricos con los órficos, por ejemplo. Los misterios eleusinos y el culto del Dionisos tracio, probablemente ayudaron a romper con las concepciones del mundo arcaicas y clásicas, abriendo las puertas a otras nuevas interpretaciones, en las que los conceptos como el cosmos, el logos o lo que denominamos alma, adquirieron un peso hasta entonces inédito. La metempsicosis fue una de las cuestiones que más repercusión tuvo en siglos posteriores.

Es importante señalar que en el proceso de transformación del pensamiento mitológico al proto-científico –se suele definir a aquellos primeros filósofos como «científicos primitivos»–, no se aprecia una ruptura. Las ideas presocráticas fueron una continuación, una especie de evolución racionalizada de las creencias más antiguas. El germen de la filosofía creció en paralelo al orden que surgió del caos y la confrontación de esos dioses elementales originales a los que hacía referencia la tradición literaria.


La filosofía según Klimt

Los presocráticos trataron de buscar explicaciones físicas a lo que les rodeaba. Aún quedaban muchos siglos hasta que se desarrollase el método científico, de modo que tuvieron que valerse de instrumentos como la razón especulativa. Buscaron en la physis, aquello que confiere su ser propio a las cosas, lo que las hace ser lo que son y lo que permanece a pesar del cambio. Y precisamente fijaron su interés en ese cambio, en el devenir, pues fenómenos como la vida y la muerte o el crecimiento y la corrupción, parecían tener su explicación en él. Trataron de encontrar el principio de las cosas en elementos naturales –como el agua o el aire–, imaginaron que la realidad podía ser cuantificada numéricamente, pensaron en que la materia podría estar compuesta por pequeñas partículas indivisibles. Lógicamente, no se puede hablar de ciencia, pero – como precisó Eggers Lan -, sí podemos referir una «filosofía de la ciencia».

Como era de esperar, en su camino encontraron muchos obstáculos. En ocasiones fueron desacreditados y hubieron de confrontarse con el sentir popular, definitivamente mediatizado por la religión. Algunos de ellos, también encontraron oposición en las clases privilegiadas. Aún así, el pensamiento de Tales, Anaximandro y Anaxímenes saltó de las costas jonias hasta la Magna Grecia, donde nació la escuela pitagórica. Pitágoras y sus discípulos hicieron importantes aportaciones no solo al campo de la filosofía, sino también a otros con el de las matemáticas, la música o la astronomía. Dieron otro paso de gigante al tomar conciencia de que la realidad podía ser definida por números. Junto a ellos, los atomistas,eleáticos o sofistas –el término presocrático ha sido revisado varias veces y los pensadores a él adscritos, varían en función de las distintas interpretaciones/compilaciones– continuaron avanzando a través de la senda filosófica.

La obra de estos autores nos ha llegado fragmentada, a través de citas de otros posteriores. Hay que analizar las fuentes, por tanto, con el rigor necesario y tratar de adecuar nuestra interpretación a la comprensión e ideología de quien las elaboró, que dista muchos siglos de las nuestras. Tener en cuenta también que el nacimiento de la filosofía en ningún caso supuso una desvinculación radical con la esfera mítico-teológica –durante siglos caminaran cerca y no pocas veces se encontrarán–, sino más bien una alternativa a la misma, basada en criterios menos arbitrarios a la hora de explicar la naturaleza, su origen y sus fenómenos. Fue el primer paso hacia una compresión lógica y científica del mundo.

Con este post pretendo hacer un pequeño homenaje –si queréis profundizar en el asunto, hay mucha información disponible–, desde la más absoluta admiración a aquellos que fueron los primeros en dudar del pensamiento mítico, en el que los dioses eran el principio, el final y la medida del universo. Elevarse frente a lo irracional y a lo aceptado, no es cosa sencilla ni cómoda –ni siquiera a día de hoy, en el que muchos planteamientos anti-científicos y fanáticos continúan campando a sus anchas–, por sólidos que sean los argumentos que se sostengan o esclarecedoras las ideas que se compartan. Proponer una revolución de este calibre a principios del siglo VI antes de nuestra era, a mi humilde entender, es una auténtica proeza y uno de los principales hitos del pensamiento humano.

El silencio de Goethe



Toda tu vida pasa ante tus ojos, se dice, justo antes de morir. Ese ejercicio es el que Antonio Priante desarrolla en El silencio de Goethe, un novela publicada por la desaparecida Ediciones Cahoba en 2006 no en vano con el subtítulo de «la última noche de Arthur Schopenhauer» y que ahora reedita con gran acierto Piel de Zapa. Porque eso es precisamente lo que hace Priante: ponerse en la piel de Schopenhauer para reconstruir la última noche del intelectual alemán a través de un breve repaso por su doctrina filosófica y por vida. Un objetivo bastante ambicioso y casi podría decirse que osado teniendo en cuenta que se desarrolla en escasas 130 páginas.



El silencio de Goethe de Antonio Priante


Como si estuviera reflejado ante un espejo ‒como de hecho lo está al principio del relato‒ el anciano filósofo alemán de 72 años de edad vuelve sus ojos a su infancia, marcada por un sentimiento de desamparo como consecuencia del desinterés de sus padres, a su juventud y a su periodo de formación en Le Havre y Hamburgo, a su primer encuentro con Goethe, el que será su amigo y maestro, a su enfrentamiento con Hegel, a sus escasas y frustradas aventuras amorosas o a la publicación de la que será su gran obra, El mundo como voluntad y representación, con su posterior triunfo no tanto entre el mundo académico, viciado por el defecto de expresar de forma enrevesada ideas engorrosas y carentes de base, como entre el hombre de a pie, el de clase media, es decir, entre la gente sencilla que no se suele preocupar por cuestiones filosóficas.

Al mismo tiempo el narrador va alternando reflexiones sobre su misoginia, sobre el nacionalismo alemán, sobre el papel del arte en la vida o la esencia de la mujer, sobre su amor al trabajo y, en definitiva, sobre los fundamentos de su doctrina filosófica, incluyendo su teoría sobre la voluntad, su metafísica o su ética. Todo ello con una mezcla singular de egolatría y de inseguridad, de sinceridad y de honestidad, de intimismo y de pasión. Una amalgama de elementos que da cuenta de que aunque nos encontremos ante una obra que se plantea como autobiográfica está lejos de ser una autobiografía al uso.

Uno de los pilares de la novela, y casi su principal hilo conductor, es la reflexión que da pie al título del libro: el silencio de Goethe tras la publicación de El mundo como voluntad y representación. A pesar de que el poeta alemán fue uno de los primeros de la obra de Schopenhauer y de que una profunda amistad los unía, no llegó a hacerle ningún comentario al respecto sobre su contenido, más allá de alguna vaguedad imprecisa, ni dejó nada escrito al respecto. Este hecho obsesionará al filósofo durante más de cuarenta años, hasta el punto de que no dudará en increpar y acusar a Johann Peter Eckermann, secretario de Goethe, en silenciar todo rastro de su nombre en la transcripción de sus conversaciones íntimas con el poeta ‒publicadas, por cierto, por Acantilado‒. A medida que se avanza en la lectura el lector siente la angustia de Schopenhauer en sus propias carnes y no puede evitar preguntarse, con el filósofo, a qué pudo deberse el silencio de Goethe.

Por todo lo dicho hasta ahora, expresado en poco más de cien páginas, cabría pensar que El silencio de Goethe fuera un tostón filosófico de mucho cuidado. Lejos de eso, Priante ha conseguido poner en pie un retrato de Schopenhauer, con sus grandezas y sus miserias, y de su compleja doctrina filosófica bastante asequible, con naturalidad y transparencia, con un estilo fluido, ligero y preciso, que combina el soliloquio puramente introspectivo con conversaciones imaginarias o con algún que otro diálogo no exento de humor como los que tiene con su perro Butz. Porque el humor, a veces en forma de ironía ingeniosa y otras como crítica despiadada, está muy presente a lo largo de toda la obra.

Pero que su prosa sea comprensible no significa que no sea una novela densa y, a ratos, exigente. ¿Qué otra manera habría de encajar tanta información en tan pocas páginas? Es evidente que la trama se sustenta sobre una cuidada e ingente tarea de documentación, una labor que incluye la lectura de las obras completas de Schopenhauer, sobre la que Priante ha desarrollado un insólito ejercicio de síntesis, consiguiendo la proeza de decir lo máximo con el mínimo de palabras.

No es la primera vez que el autor utiliza lo autobiográfico como leimotiv de sus novelas. Profundo conocedor de la cultura clásica, el autor se ha atrevido a novelar la vida de Catulo en Lesbia mía, la de Cicerón en La encina de Mario o la de Petronio enConversaciones con Petronio. Y años después volvería a hacer lo propio con Mariano José de Larra en El corzo herido de muerte o con Dante en La alta fantasía. De esta manera, Priante explora en todas las posibilidades de lo autobiográfico al tiempo que lo convierte en una especie de sello de identidad. Ahora bien, dentro de su trayectoria El silencio de Goethe viene a ser una especie de culminación de este género, su novela más conseguida y redonda, a ojos del propio autor. Una novela que es, quizá, una de las mejores y más luminosas síntesis que se hayan hecho sobre el filósofo alemán.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Ezra Pound..el encargo

Salid y desafiad la opinión,

Id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.



Ezra Pound

“Si no vives para servir, no sirves para vivir”

Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablad contra las ataduras,
id a la burguesa que se está muriendo de tedio,
id a las mujeres de los barrios residenciales,
id a las repugnantemente casadas,
id a aquellas cuyo fracaso está oculto,
id a las emparejadas sin fortuna,
id a la esposa comprada,
id a la mujer comprometida.


Id a los que tienen una lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos deseos exquisitos son frustrados,
id como una plaga contra el aburrimiento del mundo;
id con vuestro filo contra esto,
reforzad los sutiles cordones,
traed confianza a las algas y tentáculos del alma.


Id de manera amistosa,
id con palabras sinceras.
Ansiad el hallazgo de males nuevos y de un nuevo bien,
oponeos a todas las formas de opresión.
Id a quienes la mediana edad ha engordado,
a los que han perdido el interés.


Id a los adolescentes a quienes les asfixia la familia…
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo un mismo techo!
Es como un árbol viejo con retoños
y con algunas ramas podridas y cayéndose.


Salid y desafiad la opinión,
id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.

lunes, 26 de octubre de 2015

Spengler dice..

La Aristocracia es, literalmente, el Poder de los Mejores. En un sistema productivo en el que los grupos mediocres y hostiles al trabajo pretenden ganar posiciones y convertirse en pensionados de la parte productiva de la sociedad, la Aristocracia se convierte en un régimen odiado a muerte. 

No se reconoce el derecho a ser persona de mérito. Es odiado quien consigue una fortuna pequeña o grande por su esfuerzo o habilidad: sólo se ve que posee más. 

Es odiado quien saca una plaza de funcionario tras una dura preparación: sólo se ven privilegios en su cargo. Es odiado quien sigue con raíces en su terruño, conservando la dignidad de su caserío: es un atraso y una afrenta a la sociedad urbana y cosmopolita. 

Es odiado, en fin, el obrero que trabaja duro cada día y que no sigue las consignas y los eslóganes de sus supuestos tuteladores, los obreros liberados y los funcionarios de la central sindical: es un esquirol, pues además anhela, con dejar de ser proletario, establecerse por su cuenta, mejorar de posición social. Para el obrerismo, la mejor condición del hombre es convertirse en obrero, "el héroe de nuestro tiempo", como decía Spengler. Quien desea cambiar de clase es un traidor.


El marxismo ha degenerado en obrerismo desde el principio, traicionando los propósitos de su fundador, que no era un obrero y que concibió muy vagamente el comunismo como una generalización del Principio del Trabajo "de cada uno según sus capacidades...", pero no una nivelación obrerista. En realidad, el absurdo despótico de Mao Tse-Tung de mandar a los médicos, a los abogados y a los profesores chinos a trabajar en los arrozales está más cerca del marxismo "cultural" o vulgar y del democratismo europeos, que del socialismo. 

Se trata de una nivelación absoluta, de un odio hacia la diferencia intelectual existente entre las personas. Una nostalgia de los tiempos salvajes. El socialismo, tal y como lo entiende Oswald Spengler, no consiste en una uniformización de todos los individuos, en un colectivismo absoluto. 

El socialismo consiste en erigir un Estado en forma de cuerpo orgánico. Se trata de un Estado total, que no totalitario, el cual habrá de agrupar a los distintos órganos productivos, profesionales, territoriales, y en el que cada uno de ellos velará por un estricto mantenimiento de su identidad, pero a la vez, por un sometimiento a lo superior. El socialismo no puede ser el mismo en cada pueblo, y el socialismo "prusiano" estaba llamado, a su entender, a cumplir una alta misión.

Citas de León Degrelle

Algunos de sus pensamientos para todo espíritu que lucha en la resistencia.

El honor ha perdido su sentido, el honor del juramento, el honor de servir, el honor de morir. Los que permanecen fieles a estos viejos ritos hacen sonreír a los demás. La virtud ha olvidado su dulce murmullo de manantial.

El denso aire cargado de todas las abdicaciones del espíritu.

Si amor, sin fe, el mundo se está asesinando a sí mismo.

La enfermedad no está en el cuerpo. El cuerpo está enfermo porque lo está el alma. Es el alma la que tiene que curarse y purificarse.
La salvación del mundo está en la voluntad de las almas que tiene fe.

Por eso, España mística, España de santa Teresa y de San Juan de la Cruz, de San Francisco Javier, de San Ignacio, por eso, creo yo en tu misión, en una misión junto a la cual tus pasajeras desgracias nada son; misión privilegiada entre todas: la de derramar en las almas en agonía la sangre de tu alma ardiente.

La vida solo vale algo si en el instante de entregarla no tenemos que sonrojarnos de ella.

El ideal hay que construirlo dentro mismo de nuestro vivir.
El ideal vivirá en la medida en que nosotros nos entreguemos a él hasta morir.

La madre ahora y siempre dará al corazón de sus hijos lo que es alma y carne de ella. El alma de sus hijos solo será lo que ha sido el alma de ella.

La madre no podría soportar la mirada de su hijo si no fuera tan clara como la suya.

A medida que avanzamos entre sonrisas hipócritas, entre miradas llenas de codicia o de deshonestidad, entre menos interesadas, más nos decepciona la mediocridad de la existencia.

El paraíso desciende al corazón de los niños cuando lo lleva en su alma la madre…

No hay, en verdad, ningún corazón que no esté manchado de villanías, de cálculos sórdidos, de faltas inconfesables, de todo eso que deja en la mirada resplandores equívocos.
Incluso los corazones purificados, de vuelta de las aguas turbias, conservan, para siempre, un regusto amargo de imperfección y de cenizas.

Cuanto más avanzamos por la vida, más se ahondan en nuestro corazón las huellas del dolor, imperceptibles para los que no nos conocían, pero desgarradoras porque están hechas de cosas delicadas que se deshicieron, como seda sutil de un tejido que se desgarra.

La bajeza está en el pensamiento antes que el barro lo advierta.
La virtud no es revelación repentina si no una conquista lenta, dura y difícil.
A cada uno de nosotros nos ha sido dada una voluntad para servirnos de ella.
El espíritu antes que el cuerpo es el que gana o el que capitula.

Son muchos los hombres viles, pero junto a ellos, junto a esos cuya bajeza es una blasfemia de vida, existen otros: todos aquellos, los que vemos y los que no vemos, que no son así y que, por no serlo, salvan al mundo y al honor de vivir.

Feliz es aquel que no es esclavo del azar y que sabe gozar del placer de fuera y, también, renunciar a él.

Mientras suframos por estas privaciones, mientras suframos comparando nuestra suerte material con la de los demás, no seremos ni felices ni libres.
No ser feliz es dudar de nuestro cuerpo, del calor de nuestra sangre, del fuego devorador del corazón, de la claridad del espíritu que inunda nuestro ser.
La desgracia misma nos trae la alegría dolorosa del alma que se entrega sangrando, que sopesa su sacrificio y desmenuza y analiza su amargura.

¡Alegría cruel, pero alegría de jerarquía excelsa, de la que solo es capaz el hombre que, con el corazón desgarrado, todo lo comprende!

El hombre se siente en ese momento superior a todo, dueño de este universo monstruoso y desmesurado en el que, son los cerebros, no más grandes que una fruta o que un pájaro, los que imponen el orden y la armonía.

El aburrimiento es la enfermedad de las almas y de los cerebros vacíos.

La paciencia es la primera victoria, la victoria sobre sí mismo, la victoria sobre nuestra susceptibilidad.

Mientras que no la adquiramos, la vida no es sino un torrente de capitulaciones.

Capitulaciones, sin duda, estrepitosa, disfrazadas por gritos de falsa autoridad, que solo representan, en verdad, la abdicación ante el orgullo.

Tener paciencia es saber guardar nuestra hora con el dedo crispado sobre el gatillo, alerta, como vigilándola presa.

Tener paciencia es construir cada acto de cada día con orden y equilibrio, que son el andamiaje que sostiene la vida en pie.

La paciencia nos da la alegría de saber mantenernos sin ceder.
La impaciencia deja en el corazón el reproche de haberse dejado llevar por el impulso y de haber creado, en torno nuestro, una vacua y nefasta agitación.

Obedecer es un deber, pues el bien común depende de la conjunción disciplinada de todas las energías.

La sociedad humana es un gran complejo sensible, que la anarquía convierte en estéril o peligroso, mientras que el orden y la armonía dan posibilidades ilimitadas.

La obediencia es la forma más elevada del uso de la libertad.

Es una manifestación constante de autoridad: autoridad sobre sí mismo que es la más difícil de todas.

La compañía, en el fondo, solo es agitación, ruido, perturbación en torno a la propia soledad.

Buscar sin cesar lo que llamamos animación es miedo a encontrarse frente a s mismo. ¿Cómo hemos podido confundir la alegría con la inmersión permanente en la baraúnda tumultuosa?

¿Por qué nos sumergimos en los demás para ser felices?

La soledad es para el alma la magnífica ocasión de conocerse, de vigilarse, de formarse a sí misma.

Solo los cerebros vacíos, o los corazones inconstantes, tiene miedo de quedar en silencio frente a sí mismos.

Los sentimientos elevados pueden vivir solos, sin presencia física: más aun, el aislamiento los purifica y los engrandece.

Es duro, si, tener la energía suficiente para dilatar nuestros campos secretos ¡para amar intensamente, es decir, para darse en el silencio!

Mientras no nos desprendamos, un día, de todo lo externo y no seamos capaces de vivir solos, es decir, en compañía de lo más real lo que nada turba, no pisaremos el umbral de la felicidad.

En lugar de quejarnos de la soledad, bendigámosla, aprovechemos la posibilidad inesperada que nos da para examinarnos en silencio, para dominarnos lucidamente y totalmente, hasta en nuestros más contradictorios pensamientos.

La grandeza verdadera está en la nobleza del alma, que se da y se gasta, anhelante de darse, en cada uno de nuestros deberes, sobre todo en los que están limpios de vanidad.

¡Cuánta gente, colmada de todo, se queja de continuo, lo encuentra todo mal y no acierta a gozar nunca de nada!
Debemos mirar siempre hacia los que tienen menos que nosotros y contentarnos, y gozar de lo que poseemos sin alimentar nuestro espíritu de quimeras.

La vida es siempre bella si sabemos mirarla con ojos apacibles, con luz de un alma en paz.

No hay más remedio que alimentar el espíritu, para no dejarse caer en el embrutecimiento, en la suciedad, en la mediocridad.

Hay una cultura, un equilibrio del espíritu, una madurez cálida del pensamiento que solo pueden ser el resultado de la larga disciplina, de las facultades superiores, aplicadas, con fervor y con método, al estudio de la obra desnuda de la humana inteligencia.

Solo el estudio desinteresado de las civilizaciones antiguas, que son manantial de las ideas y de los sistemas; el estudio de la filosofía; el estudio de las matemáticas y el estudio comparado de la historia, solo ellos pueden darnos la plena armonía del espíritu.
Amamos nuestra miseria, porque nos eleva y nos prepara para los altos destinos que reclaman corazones fuertes y puros.

lunes, 19 de octubre de 2015

Ellos opinan..



Cada cultura tiene un alma única, así mismo cada nación o pueblo dentro de esa cultura tiene su propia interpretación particular del espíritu general. Desarrollar ese modo de vida, despertar las potencialidades de su determinado grupo cultural, sería la misión histórica de cada pueblo. Según este mismo razonamiento, todo esfuerzo que se hiciera para organizar una sociedad en oposición al espíritu nacional obtendría naturalmente resultados negativos.


Hitler, Mi Lucha.

En oposición a ese parlamentarismo democrático está la genuina democracia germánica de la libre elección del Führer, quien se obliga a asumir toda la responsabilidad de sus actos. Una democracia tal no supone el voto de la mayoría para resolver cada cuestión en particular, sino llanamente la voluntad de uno solo, dispuesto a responder de sus decisiones con su propia vida y hacienda.


El socialismo nacional que practica el actual régimen en Alemania, revela, en hechos tangibles, la acción del Estado a favor de las clases desvalidas; es un socialismo realista y humano, fundado en la moral del trabajo, que nada tiene en común con la vocinglería del marxismo internacional que explota en el mundo la miseria de las masas.


Alfred Rosenberg


Alfred Rosenberg, quien fuera uno de los "ideólogos" del Partido Nacionalsocialista, describía el Nacionalsocialismo en uno de sus escritos de la siguiente manera:


¿Nacional-socialismo o socialismo-nacional?. Si se emplea el concepto socialismo nacional en lugar de nacional-socialismo, podría fácilmente expresarse la idea de que el socialismo es la idea principal, mientras que lo nacional no sería más que un adjetivo que califica de una cierta manera al concepto más importante. Y en realidad es más bien lo contrario: lo eterno, lo que nosotros quisiéramos mantener a través de sus formas cambiantes es el pueblo. Desde este punto de vista, el socialismo, depurado del marxismo, aparece como un medio político al servicio del individuo y de la comunidad para proteger la unidad del pueblo de los apetitos particulares desenfrenados.


Joseph Goebbels 


El socialismo no es solamente un asunto que le atañe a la clase oprimida; es más que esto, es el tema de todos aquellos para quienes la liberación del pueblo alemán de su esclavitud constituye el sentido y la finalidad de toda política de hoy. Sin el nacionalismo el socialismo no es nada, un fantasma, una teoría fraguada, un espectro, un libro. ¡Con él es todo, el porvenir, la libertad, la patria!.


Éste fue el pecado de la burguesía liberal: no haber visto en el socialismo una fuerza creadora del Estado. El pecado del marxismo fue el de rebajar el socialismo al nivel de una doctrina del salario y del vientre, y manejarla para hacer de ella una enemiga del Estado y de la existencia nacional.